En el despelote del mediodía, llegamos a casa, enquilombados y apurados. Mercedes se para en medio del living y recrimina a los gritos, actuando una histeria:
"¡Mamá, hoy la corbatita de mi delantal no decía Merce! ¡decía Guada! ¡y la de Guada decía Merce!
¡Te equivocaste! ¡Las seños se cagaban de risa!"
1 comentario:
pobres hijas mias.... estoy conforme con que me sobrevivan....
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