
Anécdota de la Abuela Pato
Después de sus clases en la escuela de arte, fui a buscar a Merce, con Guada de acompañante. Habíamos tomado la costumbre de pasar por una verdulería a comprar una fruta, para no comer sólo golosinas... ¡muy sano!
Un poco aburrida de las manzanas, Merce prefirió las peras, una para cada una.
Guada ya la comía con todo gusto, y entonces Merce mordió la suya muy contenta, y cambió de humor.
"¡Esta pera es un asco! ¡está cruda!", se quejó enseguida.
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